Visión y efecto de sentido

Posteado el 06. Feb, 2020 por en Artículos, Empresas Familiares, Prensa

Publicado en Revista Pymes- Febrero 2020

Nuestra Visión de futuro puede producirnos mucha más satisfacción y mucho más dolor de lo que queremos creer. A pesar de lo que muchos piensan, las personas no estamos determinadas por nuestro pasado. Si bien la experiencia es un fuerte condicionante, lo que creemos acerca del futuro no lo es menos.

Sin restarle importancia, el pasado nos condiciona pero no nos determina. La necesidad de inscribir nuestras vidas en un texto que les otorgue sentido es parte de nuestra naturaleza y se logra mirando al futuro. Tanto es así que podría decirse: _dime qué esperas de tu futuro y te diré cuál es tu calidad de vida en el presente.

En ese sentido hay evidencias curiosas. En su libro Indefensión Aprendida, Martin P. Seligman, cuenta un experimento hecho en cajas inescapables donde varios grupos de ratas debían nadar hasta ahogarse rendidas por la fatiga. Pero sucedió que aquel grupo a las que, en sucesivas experiencias, se les acercó una tabla salvavidas antes que las fuerzas las abandonaran, llegaron a desarrollar una resistencia que superaba en mucho a las normales de la especie. Según Seligman, se debía a que ese grupo de roedores había construido en su cerebro algo así como la Esperanza. ¿No sucederá algo muy similar con nosotros, los humanos? Parece que sí.

El psicoanalista Bruno Bettelheim y el logoterapista Víctor Frank nos cuentan cómo, durante su paso por los campos de concentración nazis, observaron un notable diferencial de sobrevivencia entre aquellos prisioneros que mantenían la esperanza en un futuro donde la locura del exterminio sería superada y ellos redimidos, y los que no. Basado en esto, llegue comprender por qué los líderes más destacados siempre ofrecen una narración que contiene una visión de futuro positiva y una visión de la misión de sus seguidores en la construcción de ese futuro.

En un famoso discurso, el entonces presidente de los Estados Unidos John F Kennedy dijo: “no nos propusimos ir a la luna porque es fácil. Nos lo propusimos porque es difícil y porque nosotros queremos lograrlo”. Esa frase mínima ofrecía un camino a todo un pueblo. No hacia la Luna específicamente sino hacia lo que como sociedad querían llegar a ser, lograran ir a la Luna o no.

Vivimos en una época en que la sensación de fragilidad y de ser arrastrados por fuerzas imposibles de controlar, colabora para que la enfermedad psíquica más diseminada en el planeta sea la Depresión.

Pero un líder, debe poder ofrecer una historia que merezca ser vivida. Algo por lo que valga la pena trabajar y esforzarse todos los días. Para lograrlo, primero tiene que construir ese sentido en su propio mundo interno, ya que nadie puede dar lo que no tiene.

Hay que asumir que el futuro es una construcción de ideas, un vacío que se llena de palabras que evocan imágenes, que producen expectativas y que generan una enorme fuerza que puede ser al mismo tiempo tanto sanadora para el espíritu como productiva para el trabajo.

Todos necesitamos algo superior por lo que vivir y por lo que trabajar. Algo que sea más motivante que llevar dinero al hogar, mantener una posición social o enriquecer a accionistas. Lo más cercano es la propia autoestima, auto-respeto y valor personal. Quien así lo comprenda será capaz de liberar la enorme fuerza productiva disponible en el cerebro y los corazones de sus colaboradores.

La Visión y el Efecto de Sentido son los gatillos que liberan esa energía. Los grandes líderes y los peores estafadores lo saben. La diferencia está en que para los primeros la Visión más que una declaración es su forma de vida, mientras que para los segundos solo es una herramienta para encantar incautos.

 

Lic. Jorge O. Hambra

Director del Club Argentino de Negocios de Familia

 

 

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