Valores y Profesionalización consciente

Posteado el 08. Oct, 2019 por en Artículos, Empresas, Empresas Familiares, Prensa

Publicado en Revista Pymes- Octubre 2019

La editorial NZZ LIBRO de Zurich acaba de publicar una interesante obra orientada a las empresas de familia (EF) con un título inquietante: “Del dinero y los valores”. Si bien la obra solo se consigue en alemán, tengo el privilegio ser amigo de uno de sus autores y por eso conozco su contenido. Mucho se habla de la inevitable necesidad de crecimiento y profesionalización de las empresas, sobre todo de las familiares en las que la Visión y el Liderazgo suelen estar fuertemente centralizados en una sola persona. Y es cierto que, cuando los negocios familiares reniegan de la profesionalización inevitablemente se debilitan y paralizan su crecimiento, o se descontrolan y estallan. Pero ¿qué significa Profesionalizar?

Indudablemente se trata de someter la mayor parte de las acciones a procesos estandarizados  que disminuyen la complejidad de las interacciones. En el caso de las toma de decisiones,  consiste en fijar políticas que ofrecen pautas para saber qué hacer ante temas críticos. Cuando esto sucede, la idea que se impone es la de ¡¡Hay que cambiar!!. Y está muy bien pero, ¿qué hay que cambiar y qué no?. Porque lo primero que tenemos que tomar en cuenta es que una Empresa Familiar tiene alma. Y el alma de una Empresas Familiares son precisamente sus valores. Sucede que cuando no se los atiende, la profesionalización se convierte en una fría ingeniería de procesos y normas apuntados a asegurar estándares razonables de calidad y promover eficiencia operativa y financiera a riesgo de alterar el sentido de Para qué se hacen las cosas.

Cuando digo que una Empresa Familiar tiene alma me refiero a que no se trata de un fin en si mismo cuyo propósito es generar dinero. La EF es un medio que en principio está creado para sostener un proyecto existencial: la vida y desarrollo de una familia. Y el fin de una familia no es hacer dinero sino la de lograr satisfacción espiritual y promover la felicidad de sus miembros. En este contexto, el dinero es un medio necesario, pero si se lo confunde con un fin, se lo convierte en algo tóxico. De hecho, mi trabajo me ha llevado a la conclusión de que es mucho más fácil generar dinero que producir felicidad y que, si bien es cierto que la felicidad no se puede asegurar, lo que si se puede hacer es bajar la probabilidad de dominancia de factores que promueven la desdicha. La primera sugerencia para cumplir con esta importante tarea preventiva es la de re-conocer los valores que de alguna manera han construido a la empresa. Pero no se trata de salir a inventarlos para que “queden bien en un poster colgado en las oficinas centrales”. Eso no sirve.

Los verdaderos valores no se inventan, se des-cubren. En su libro “Hechas para siempre” J Collins y J Porras opinan que es un mito creer que las compañías visionarias parten de un conjunto de “valores correctos” Consideran que cada compañía posee una identidad distinta y que, por tanto, los valores centrales son algo intrínseco y particular de cada una. Aconsejan que en lugar de inventarlos se los identifique en los comportamientos reales cotidianos y recurrentes, y que se los discuta lo suficiente como para consensuar una cantidad no mayor de entre 3 y 5: aquellos que estamos convencidos que jamás traicionaríamos.

Desde esta perspectiva,  la formulación de los Valores centrales de una Empresa Familiar no es un mero acto intelectual sino que es la base desde la que se ratificará o rectificará su Propósito central, es decir, la respuesta a ¿Para qué hacemos las cosas?. Su consecuencia inmediata es la consistencia en la resolución de las dos preguntas que siguen: (a) ¿cómo las estamos haciendo? y (b) ¿cómo deberíamos hacerlas? con el objetivo de lograr un desarrollo sostenible. Este modelo de “Profesionalización consciente” subordina la generación de ganancias al respeto de los valores y, cuando eso pasa, todo el negocio se compenetra de sentido, las normas adquieren plena razón de ser, la motivación intrínseca crece, y lo más probable es que las ganancias también.

 

Jorge O. Hambra*

*Licenciado en Psicología (UBA),  consultor en Desarrollo y Capacitación de Recursos Humanos y Director del Club Argentino de Negocios de Familia

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