Qué tal si…

Posteado el 05. Jul, 2020 por en Empresas Familiares, Estrategia, Prensa

Publicado en Revista Pymes- Julio 2020

Una vez, coordinando un proceso de Creatividad e Innovación dentro de una corporación de clase mundial, viví una inesperada y nutritiva experiencia cuando uno de los equipos de trabajo propuso la posibilidad de solucionar un tema productivo y ecológico al mismo tiempo con una inversión mínima.

Se trataba de aprovechar el calor residual de una planta de separación de solventes para generar un proceso recursivo alimentando una segunda fase que permitiría duplicar el resultado con el mismo gasto de energía y minimizando la emisión de calor y vapores al medioambiente. La idea parecía brillante porque, además, contaban con los materiales requeridos para construir las instalaciones, que estaban en los galpones generando costos de almacenamiento.

Todo bien, muy bien. Solo había un problema: la peligrosidad de cualquier error durante el diseño y construcción de esa segunda fase era muy grande porque una vez en funcionamiento circularían por ella gases altamente inflamables. Por eso, las normas de seguridad obligaban a que una propuesta de este tipo fuera acompañada por el informe “What if”.  Curiosamente de todo lo necesario para conseguir el logro, este era el paso más resistido.  Implicaba imaginar todas las hipótesis de por qué podría no andar y buscar alternativas de solución. Es decir, identificar amenazas que hoy no existían y solucionar lo que no se había roto. Algo muy extraño para gente acostumbrada a trabajar en procesos concretos.

Afortunadamente las cosas salieron bien debido a que el Director Industrial era una persona muy apreciada por todos los colaboradores. Ejercía un liderazgo participativo y era un excelente coach. Sabía darles autonomía y a la vez acompañarlos en todos los desafíos críticos haciéndose responsable de los resultados cuando cometían desvíos.

Debido a eso, el proceso se realizó con entusiasmo y se sacaron muchas conclusiones verdaderamente útiles que sirvieron de reaseguro para que los Cisnes negros no aparecieran.

Años después el recuerdo de esta experiencia me hizo pensar que el proceso de Protocolización de los negocios familiares es en sí mismo un proceso “What if” aplicado una materia mucho más volátil y peligrosa que el solvente: las relaciones familiares sometidas a la tensión de manejar negocios.

En efecto, el sistema relacional familiar/empresario -tal como si de una separadora de solventes se tratara- consciente de su exposición y fragilidad, requiere trabajar en la prevención de escenarios traumáticos altamente probables y su modo de resolución en caso de ocurrencia.

Pero hay otros dos aspectos en que el Proceso de Protocolización de una Empresa Familiar se parece al What if?. Uno es la dificultad para abordarlo mientras nada pasa nada aún. La mente humana privilegia la idea de que lo importante pero no urgente siempre se puede demorar para un futuro hipotético. Le cuesta trabajar en prevención. Y el otro aspecto es la habilitación para abordar el desarrollo de este instrumento depende mucho del tipo de liderazgo que ejerza la Dirección.

Cuando existe un liderazgo participativo e integrador lo más probable es que el proceso sea vivido como una oportunidad incomparable de desarrollo organizacional y personal. Si no existe, es una buena oportunidad para aprenderlo.

 

Lic. Jorge O. Hambra

Director del Club Argentino de Negocios de Familia

 

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