Negocios entre hermanos: La ley primera (Parte I)

Posteado el 19. Abr, 2013 por en Socios

Nota Publicada en El Cronista, el día Miércoles 18 de Abril de 2013.

Por herencia o porque se eligieron como socios, muchas familias comparten la dirección de empresas. Cuáles son las dificultades de los vínculos fraternales y las claves para llevar adelante la relación, en boca de sus protagonistas.

Siete de cada 10 empresas argentinas son de origen familiar, consigna el Centro de Empresas Familiares (Cefam) del IAE Business School, y, en ellas, los hermanos tienen protagonismo, ya sea porque fundaron la compañía o bien porque la heredaron de sus padres y abuelos. En esta relación, que fluctúa entre la cooperación, la comparación y la competencia, se asientan los beneficios y dificultades de las sociedades fraternas.

En el caso de la compañía cosmética Plumari, fabricante de tinturas y productos para el cuidado capilar, sus actuales directores, los hermanos Yanina, Federico y Pablo Plumari, heredaron la empresa de su padre y su abuelo. La firma fue fundada en 1964 por Domingo Plumari y su hijo Víctor, que hoy es el CEO.

“Crecimos con esto; toda la vida estuvimos ligados a la empresa”, concede Yanina, directora de Marketing y Producción, quien, hoy, trabaja codo a codo con Federico, a cargo de Ventas de Comercio Exterior, y Pablo, centrado en Ventas a nivel local. “A veces, nos peleamos por temas de trabajo, pero nos vemos todos los domingos”, asegura, con un guiño.

La clave para llegar a la tercera generación en esta compañía que, con 80 empleados, produce marcas propias y para terceros y exporta a países de América latina, así como a Arabia Saudita, Australia, Francia e Inglaterra, entre otros, fue la profesionalización. “Nuestro padre realizó un programa de Dirección para Pymes en el IAE. A partir de ahí, se estableció que, para que un familiar forme parte de la empresa, debe ser profesional universitario en el área en que se desempeña y capacitarse en forma continua. Además, no pueden ingresar amigos ni familiares políticos”, señala.

Por la misma senda
Muvin, un emprendimiento de diseño y venta de bicicletas con locales en Punta del Este y Buenos Aires, fue fundada hace dos años por el ingeniero mecánico Alejandro Leston, el segundo de cinco hermanos oriundos de la provincia de Misiones, junto a un colega y amigo, Matías Giorgetti. Al año de ponerse en marcha, se sumó Eduardo Leston, el hermano mayor, que es diseñador mecánico. “Mi hermano siempre estuvo relacionado con este negocio. Es casi natural que se terminara asociando porque conocía el proyecto desde el inicio. Nos asesoró e invirtió ahorros. Ahora, estamos formalizando su inclusión en la sociedad”, dice Alejandro.

En enero de 2011, Leston y Giorgetti abrieron el primer local en Punta del Este. “Muchas bicis y componentes son importados y teníamos restricciones para ingresarlas al país”, cuenta Alejandro. “Además, el público al que apuntábamos estaba allí. Salimos en bici con un aparato para pasar la tarjeta de crédito en la mochila y la respuesta fue excelente”. En 2012, la compañía facturó $ 1,5 millón y, este año, prevé seguir creciendo.

El proyecto había empezado con la construcción de un prototipo de vehículo eléctrico. Pero, a la hora de planificar su fabricación en serie, los ingenieros se dieron cuenta de que la inversión necesaria se les escapaba de las manos. Decidieron seguir en el negocio de la “movilidad sustentable”, empezando por un vehículo tan paradigmático como la bicicleta. Cada rodado se arma a medida, y se asociaron con estudios de diseño para lanzar modelos exclusivos. “Le preguntamos al cliente qué necesita, en lugar de venderle lo que hay”, aseguran los Leston.

Este año, también se sumó a la firma Nicolás Leston, el menor de los varones (tienen dos hermanas más chicas, que cursan el colegio secundario, en Misiones). “Está bueno trabajar con los hermanos pero, a veces, esto hace que el manejo sea demasiado flexible e informal”, admite Alejandro. “Se dan cosas por sentadas que con un amigo, por ejemplo, hay que dejar más en claro”.
Otro ejemplo es el de la diseñadora de modas Graciela Tarrab quien, a mediados de los años ‘90, tuvo que cerrar su local de ropa, aunque ya tenía otro proyecto en mente: una empresa de decoración y ambientación de espacios, para el que convocó a su hermano, Horacio, quien, por entonces, estaba viviendo en Brasil. Juntos fundaron, en 1996, Creadores de Ambientes, un estudio que se ocupa desde el diseño de muebles a medida hasta la refacción completa de viviendas. “Me asocié con mi hermano por la confianza que nos tenemos”, dice la emprendedora. “Yo me ocupo de la parte de deco y Horacio -que estudió Arquitectura-, de realizar la obra”.

“Este es un rubro difícil y te tiene que gustar -dice Graciela-. Al comienzo, también trabajaba nuestra hermana menor, en el área contable. Pero, luego, se retiró. Si bien Horacio y yo la fundamos, lo hicimos con el apoyo de toda la familia. Nuestro padre tuvo, durante 38 años, una sedería en San Isidro y, hasta el día de hoy, nuestra madre confecciona acolchados, cortinas y almohadones”, cuenta.

 

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