Los hermanos sean unidos

Posteado el 04. Feb, 2021 por en Artículos, Empresas Familiares, Protocolo Familiar, Socios

El Martín Fierro recomienda: _”Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera, que si entre ellos se pelean……”. También John Lennon en Imagine dice: _imagina que no hay cielo ni hay infierno…imaginanos a todos como hermanos compartiendo el mundo en paz. Nada más atinado para decir, nada más difícil de lograr.

Una de las razones es que la naturaleza inicial del vínculo fraterno es la competencia. Los hermanos suelen luchar por un recurso supuestamente escaso, el amor parental. Entendido esto, es tarea de los padres trasmitir la certeza de que el amor por sus hijos no se divide sino que se multiplica. Que no es igual para todos, pero que tampoco es menor ni mayor sino distinto. Que cada relación es única y que cada hijo expresa algo irrepetible, extraordinario y valioso que los padres aprecian. Esta sola acción sería preventiva de muchos problemas futuros

Marshall Rosemberg, autor de Comunicación no violenta, aconseja que si quieres arruinarte la vida no tienes más que empezar por compararte con los demás. Y yo le agregaría: especialmente con tu hermano. Y hay que reconocer que sin malas intenciones muchas veces los padres fomentan estas odiosas comparaciones que por lo general desencadenan sentimientos tormentosos.

Pues bien, hemos dado con una de las principales fuentes de conflicto y de desintegración en las empresas familiares.

En este tipo de negocios, es harto frecuente que al momento de compartir la gestión y el poder, emerjan viejas rencillas que nada tienen que ver el negocio en sí mismo, y que lo convierten en un campo de combate donde se pretende que supuestas deudas históricas sean rebalanceadas o dirimidas. La buena noticia es que esta situación visibiliza viejos temas no resueltos y abre una posibilidad de tratarlos y darles solución. La mala es que la vida se arregla para adelante, nunca para atrás. Cuando esto último no se entiende, es usual que se infecten innumerables horas de reunión hablando enmascaradamente de lo que no se quiere hablar en forma directa. Este tipo de conversaciones enmascaran su verdadero propósito en supuestos temas operativos, de Visión del negocio, o de desacuerdos en la calificación de los colaboradores. Cualquiera es propicio para desplazar enconos personales…. y todos los participantes sufren las consecuencias.

Paul Watzlawick, uno de los brillantes creadores de la Teoría de la Comunicación ejemplifica esta situación con un cuento que dice más o menos asi: avanzada la noche, un hombre pasa mucho tiempo revisando palmo a palmo la vereda. Un vigilante nocturno que lo ha observado, se acerca y le pregunta a que se debe ese comportamiento. El hombre contesta que vive en la casa de enfrente y que ha perdido la llave. El vigilante se ofrece a ayudarlo y habiendo recorrido la vereda baldosa por baldosa, le pregunta: _¿está usted seguro que la ha perdido aquí?. El hombre contesta;_¡¡no, claro que no, la perdí en la vereda de enfrente… pero ahí no hay luz!!  Es sencillo, quien no quiere encontrar, buscará en el lugar equivocado haciendo como si solo que, finalmente dormirá afuera.

Pero no desesperemos, hay varias cosas que podemos hacer para evitar permanecer en esta situación penosa de imposible resolución. La primera es reconocer que detrás de las agobiantes discusiones cotidianas, hay temas desplazados que requieren ser conversados de otro modo y en otro lugar; la segunda es que si fuera fácil hacerlo, no sería necesario disimularlos; la tercera es que la sola posibilidad de ponerlos a consideración producirá temor. Esto es normal pero requiere ser superado; la cuarta es advertir que los más cercanos colaboradores son víctimas de este estado de cosas y que según sus características personales tenderán a medrar de la situación o buscar horizontes más amables, produciendo una herida a la empresa en ambos casos; la quinta es que este tipo de dificultades son propias de las relaciones familiares y se acentúan al compartir una fuente de riqueza. Es decir, no tienen nada de monstruoso y hasta diría que son normales; la sexta es que afortunadamente hay profesionales especializados preparados para brindar ayuda.

Jorge O. Hambra

Director, Club Argentino de Negocios de Familia

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