Liderazgo durante la crisis

Posteado el 11. Jun, 2019 por en Artículos, Empresas Familiares, Gobierno y Liderazgo, Prensa

Publicado en Revista Pymes

En su película Mi tío de América, Alain Resnais muestra un experimento realizado por el científico Henri Laborit en el que, cada cierto tiempo, somete a una rata a choques eléctricos inescapables. A la semana el animal, que  reconoce su incapacidad para enfrentar a su enemigo invisible, está totalmente neurotizado y presenta graves problemas en todas sus funciones vitales. Curiosamente, cuando agrega otra rata a la misma jaula y las somete al mismo castigo inescapable, los animales se pelean entre sí pero a la semana están perfectamente equilibrados. Confieso que en lo cotidiano no me cuesta nada imaginarnos con esos pobres animales. Hasta me figuro nuestros eventos cotidianos de agresión como el intento desesperado de objetivar un enemigo a quien hacer responsable de todos los males y salir así de la insoportable anomia, incertidumbre y temor.

Entre nosotros la hostilidad suele expresarse de tres maneras básicas: (a) hacia adentro, adoptando la forma de depresión o de afecciones orgánicas tales como las cardíacas, gástricas o alergias entre otras; (b) hacia afuera, en forma de trato violento -verbal o físico- o más elaboradas tales como conspiraciones y venganzas; (c) hacia ambos lados.

El método más eficiente para acompañar y superar este tipo de proceso social consiste en reafirmar la Función de liderazgo donde sea que le toque ejercerlo. Su principal función es la de orientar la energía social en un sentido lo más ordenado y constructivo posible, y su eficiencia depende de que se tomen en cuenta ciertos principios:

1. No deforme ni disfrace datos. Preservar el vínculo de confianza es esencial. La gente detesta que se la engañe y tarde o temprano los datos son incontrovertibles. Sería óptimo que utilice su habilidad para ayudar a aceptar los hechos;

2. Elabore lecturas alternativas. No se deje infectar por las versiones más evidentes y, sin exagerar, busque activamente identificar lo bueno de lo malo;

3. Apele a estándares. Dado que las crisis movilizan emociones de temor, el valor del pensamiento pierde terreno. Para traerlo de nuevo a casa conviene apelar a estándares. ¿Qué pasó en crisis semejantes? ¿Cuáles fueron los factores clave de resolución? ¿Qué medidas se aplicaron? ¿Cuáles fueron sus resultados? ¿Por qué? ¿Cuáles son las estimaciones de pérdidas o perjuicios? ¿Cuál es la duración estimada?; ¿Cómo aprovechar la etapa de salida?;

4. No luche contra quienes desaniman. En los grupos humanos siempre se cumplen roles fijos, uno de ellos es el Cuestionador. Este rol, a pesar de ser poco soportable, puede ser muy útil para advertir inconsistencias, pero también puede volverse ácido y desmoralizante. No lo tome personal, no le preste excesiva atención. En su lugar, ocúpese de dar respaldo a los más cooperativos;

5. Ubique Mavens y trabaje con ellos. En el juego de la difusión, no todas las personas valen lo mismo. Los Mavens son personas que tienen especial facilidad para establecer relaciones y ocuparse de la gente. Ellos son los agentes indicados sobre los que usted tiene que trabajar con predilección. Si ellos están con usted, rápidamente mucha gente lo estará;

6. Mantenga activa la red social. Las crisis nos vuelven más ensimismados y nos deprimen. Evite que el lazo entre usted y su gente se debilite, que las relaciones se enfríen, que los rituales se abandonen;

7. Diseñe el escenario catástrofe. La mayoría de las veces las fantasías son más atemorizantes que la realidad. Aunque parezca un contrasentido, enfrentarse al peor escenario es menos tensionante que evitarlo. Una vez asumido lo peor y decidido qué hacer, todo lo demás sonará a ganancia;

8. Asuma su rol como un servicio. Si usted es un líder no olvide que su gente lo necesita y que tiene la oportunidad de darles un servicio ayudando a que les vaya lo mejor posible. Ocupándose de ellos se estará ocupando de usted.

Lic. Jorge O. Hambra

Director del Club Argentino de Negocios de Familia

 

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