La tercera generación

Posteado el 20. Sep, 2018 por en Prensa

Publicado en Revista Pymes Agosto 2018

Existe una idea muy difundida acerca de las empresas familiares que afirma que la primera generación la funda, la segunda las desarrolla y la tercera las funde. Pareciera ser que tras una virtuosa gestión de la primera y la segunda generación, durante la tercera (3G) se produce un descalabro moral espontáneo que provoca la dilapidación de lo que tanto esfuerzo y tiempo costó construir. Por supuesto que no es así, pero hay que admitir que este mito comparte el encanto de las explicaciones simples. En nuestro caso, no nos sirven para prevenir las causas concurrentes por las que las empresas familiares colapsan con altísima frecuencia.

En principio, el mito de la tercera generación parte de datos erróneos. Las estadísticas muestran que, a diferencia de lo que se cree, durante la primera y segunda generación desaparecen en proporción la misma cantidad de empresas que durante la tercera  (alrededor de dos tercios en cada una).Sucede que estas organizaciones empresariales no transitan un continuo, sino que van sufriendo quiebres, desafíos de creciente nivel de complejidad, y en cada nuevo ciclo es como si volvieran a empezar. Puede que aquello que sirvió para tener éxito en la etapa anterior, llegue a ser letal para la etapa siguiente.

Por ejemplo, es típico que durante la primera generación, la ocupación en establecer y estabilizar el negocio se lleve todas las energías del fundador y de su grupo de colaboradores históricos. También es usual que en la medida que la empresa crece no se implanten métodos y herramientas para contratar a los mejores para cada posición. Por el contrario, basada en la confianza y la urgencia, la empresa acumula gente según las personas con las que cuenta y no con las que debería contar. Dentro de esa carencia de método, familiares  y allegados son los primeros convocados sin que necesariamente ocurra por la realidad de sus capacidades.

Mientras que la empresa logra una relativa ilusión de controlabilidad, se respeta el lema “lo que funciona no se toca”, pero lo que funciona para un ciclo, no necesariamente funcionará el siguiente. Si la empresa crece desordenada en la primera generación, probablemente está bien. No se puede atender a todo al mismo tiempo. Si sigue haciéndolo durante la segunda, se irá cargando de privilegios inmerecidos y promesas incumplidas que socavarán la confianza inicial. Y le tocará a la 3G la tarea de deconstruir todo el error acumulado y tener las conversaciones difíciles que se evitaron durante la primera y la segunda generación.

Será en ese momento cuando los procedimientos disfuncionales acumulados empezarán a requerir medidas de corrección. Ya no se sostendrá la incoherencia entre competencia y posición ocupada, se requerirá profesionalismo en todos los procesos y la generación de datos oportunos y precisos será indispensable para poder tomar decisiones que antes dependían de la intuición.Por su parte, entre los familiares se necesitarán reglas claras para que no se confundan los ámbitos de Familia con los de Propiedad y los de la Gestión, aspecto que genera innumerables conflictos. Claro que hacer esto todo junto es como dinamitarlo y volverlo a construir. ¿Se puede hacer? Es posible. Pero la bomba no fue creada por quienes ahora la tienen que desactivar.

La buena noticia es que, para quienes perciben la amenaza a tiempo existen herramientas para ayudarlos a lograr el ordenamiento en forma progresiva y más barata, en todo sentido.

Lic. Jorge O. Hambra

Director del Club Argentino de Negocios de Familia

 

 

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