El valor de la escucha activa

Posteado el 08. Ago, 2020 por en Artículos, Comunicación, Comunicación Eficiente, Empresas, Gobierno y Liderazgo, Prensa

Publicado en Revista Pymes- Agosto 2020

Las situaciones de amenaza e incertidumbre son difíciles de tolerar. La mente humana está preparada para sufrir picos agudos de estrés pero no lo está para mantener estados continuados.

Desde el punto de vista psíquico, hoy estamos sometidos a un castigo inescapable que nos somete a un estado de estrés sostenido.

Curiosamente, en ese sentido, lo que nos está pasando mantiene cierta similitud con la guerra de trincheras de la primera guerra mundial. En aquel momento los soldados vivían largos períodos de tensión psíquica sin solución de continuidad. Y aunque muchos de ellos no sufrían heridas, padecían lo que los psiquiatras de la época llamaron neurosis de guerra.

En nuestro caso, sumado al miedo ante la amenaza real de contagio, el alto consumo de “noticias catástrofe” colabora a permanezcamos en un circuito de estrés creciente difícil de desarticular.

La dificultad para hacerlo es que su origen no depende de un imaginario instalado en la mente de las personas, sino que surge de datos contundentes de la realidad. En otras palabras, sentir miedo ante la amenaza de un virus que no sabemos dónde está y que podría matarnos es parte del funcionamiento saludable del aparato psíquico y ayuda a prevenir. Entrar en pánico es otra cosa.

Afortunadamente, la humanidad posee un método para disminuir la tensión psíquica que, usado de diferentes modos, ha resultado exitoso a lo largo de todos los tiempos. Se trata de la capacidad de poner en palabras nuestras angustias y la posibilidad de ser escuchados.

Alguien podrá decirme que eso no resuelve los problemas reales a los que nos enfrentamos. Es cierto, pero modifica el modo de abordarlos que no es poco.

De hecho, las personas sufrimos mucho más frecuentemente por lo que creemos que por lo que concretamente nos ocurre.

Si bien es cierto que la realidad nos limita y que puede hacernos doler, el sufrimiento es una construcción personal. Debido a eso la escucha activa posee un valor especial. Bien usada, se convierte en un rediseñador y aliviador del estado psicológico de las personas sometidas a castigo inescapable.

Ahora bien, el alivio generado por la Escucha activa, depende de que sucedan dos procesos:

  1. Por un lado, el del hablante, que debe organizar su discurso y que, al hacerlo, va elaborando la carga emotiva de las ideas que lo inquietan.

Precisamente, la palabra Ex-presar significa presionar hacia afuera y sucede que al poner afuera lo que sentimos, ya no somos el sufrimiento sino que somos quienes observamos nuestro sufrimiento. Primera condición para lograr alivio.

  1. Por el otro, el del escuchante que solo debe ocuparse de atender a su interlocutor sin ánimo de aconsejar ni de juzgar sino con toda su atención enfocada en comprender. Debido a eso su principal herramienta transformacional no es el consejo sino la pregunta.

La experiencia nos dice que, cuando las personas reflexionamos lo hacemos dentro de un circuito conocido de argumentos y valores que nos parecen correctos y evidentes. Por ese motivo, mantenemos perspectivas recurrentes difíciles de modificar.

De allí que la riqueza de la pregunta sea doble. Por un lado ayuda al hablante a ordenar sus pensamientos y sentimientos, y por otro coopera para desorganizar creativamente los circuitos repetitivos que limitan su modo de interpretar la realidad.

Y es entonces que se produce la novedad: los datos permanecen, lo que cambia es el significado y valor que les damos que, finalmente, es lo que afecta tanto nuestro estado de ánimo como nuestra lucidez para tomar buenas decisiones.

 

Lic. Jorge O. Hambra

Director del Club Argentino de Negocios de Familia

 

 

Comentários cerrados.