El Trabajador Simbólico

Posteado el 20. Sep, 2021 por en Otros temas

Ya en los años 90, Robert Reich – quien era Ministro de trabajo del Presidente Clinton-, en su libro El trabajo de las naciones dividía a todos los trabajadores del mundo en tres categorías:

(1) Los servicios rutinarios de producción SRP que hacen tareas repetitivas y que se hallan distribuidos preferentemente en las plantas industriales y en las administraciones

(2) Los servicios en persona SEP, que hacen tareas que requieren ciertas destrezas o habilidades diferenciadas y que generalmente se hallan distribuidos en la sociedad trabajando en tareas de apoyo que cubren necesidades de la vida moderna, como puede ser un personal trainer, un tintorero, o un encargado de edificio.

(3) los servicios analítico-simbólicos SAS que son  los únicos trabajadores que no manipulan  nada concreto. Por el contrario se dedican a operar con entidades abstractas mediante las cuales agregan valor inteligencia creativa a distinto tipo de procesos. Este es el caso de algunos ingenieros, analistas de sistemas, dirigentes de organizaciones, publicistas, artistas, diseñadores y desarrolladores de productos, inventores, y otras muchas profesiones que hoy en día están aún “en desarrollo”.

Los SAS parten de un conocimiento de base alto, logran que su propio quehacer se convierta en una fuente constante de  nuevos conocimientos y, de este modo producen un circuito de retroalimentación virtuoso del tipo “a más valor produces, más valor adquieres”. Dicho fenómeno, sumado al de que sus conocimientos son requeridos en cualquier parte del mundo sin reconocer pertenencias territoriales los coloca en inmejorables condiciones en el mercado de trabajo global.

Una vez estructurada esta división del trabajo -que viene sucediendo durante los últimos 30 años-, las consecuencias están a la vista: empobrecimiento progresivo e indefensión estructural de las dos primeras categorías, y el  enriquecimiento infinito de la tercera, con el consecuente abismo socioeconómico entre las primeras y la segunda.

Ahora bien, ¿Cuál es el factor esencial cuya dispar distribución produce este escenario? Sin lugar a dudas es el Conocimiento que, combinado con el Capital y tal como describe Yuval Harari, son los responsables de haber resuelto en una medida inimaginable los tres grandes problemas de la humanidad: el hambre, la guerra y las enfermedades.

Pero ¿de qué tipo de Conocimiento se trata? No es cualquiera, es aquel que permite agregar valor innovación a productos, servicios y procesos. Y da la impresión que eso solo lo pueden hacer los SAS.

Pero no es así. Lo que Robert Reich no consideró es que correctamente liderado, el SRP tiene la potencialidad para transformarse en un SAS de hecho. Es decir que, con el agregado de solo algunas herramientas conceptuales y un líder que lo ayude a utilizarlas, un SRP puede poner en valor su cerebro creativo y producir innovación incremental en forma sostenida allí donde se desempeña.  No ya como un “agregado a su trabajo” sino como la parte fundamental de su “nueva forma de trabajar”

A esta nueva forma la llamo Metatrabajo y en esencia se trata de detenerse a reflexionar sistemáticamente acerca de cómo estamos trabajando y por qué.  Consiste en utilizar las capacidades cognitivas humanas para comprender sistemas complejos, preguntarse ¿Por qué pasan las cosas?, analizar su multiplicidad de causas y generar ideas que permitan generar nuevas oportunidades y resolver problemas. En este orden, no al revés.

Como es obvio, un SRP transformado, no podrá acceder a los niveles de innovación de un SAS puro, pero inicialmente quitará de su horizonte de posibilidades la idea de que trabajar es repetir y podrá incorporar la idea de que trabajar es transformar, y ese será el mejor seguro de desempleo que jamás pueda conseguir.

Jorge O. Hambra

Director, Club Argentino de Negocios de Familia

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