El Protocolo Familiar: Una decisión impostergable

Posteado el 22. Oct, 2018 por en Comunicación Eficiente, Empresas Familiares, Protocolo Familiar, Relaciones Positivas, Socios, Sucesores

Llegado cierto estadio evolutivo de la Empresa Familiar, es preciso encarar las conversaciones necesarias para determinar y poner por escrito las normas que van a regir la relación entre la empresa y la familia en el presente y el futuro.

“¡Qué ricas estaban las pizzas en el cumpleaños de María” “El domingo por la tarde iremos al cine con los chicos, ¿se suman?” “Tenemos que ir al supermercado a comprar los artículos de limpieza, ¿viste lo que aumentaron los artículos de limpieza? Para mí que están  más baratos en los almacenes de barrio que en los supermercados” …

A diario mantenemos conversaciones con un sinnúmero de personas con las que comentamos cosas, coordinamos acciones, desarrollamos ideas o socializamos. Esto no sólo es necesario para la pura sobrevivencia sino que nos hace bien y nos permite sentirnos unidos a los demás. Así, cuando vamos a un país del que desconocemos su lengua, sentimos una especie de alivio cuando alguien habla en nuestro idioma o algún otro que conozcamos, por más que no necesitemos nada de él. Sólo escuchar esas palabras que comprendemos nos hace sentir menos aislados.

Por supuesto, también en la empresa, mantenemos constantemente conversaciones de este tipo: “Llamemos al proveedor y resolvamos que pase el lunes” “¿Te parece que podrás ocuparte de recibir a los visitantes y mostrarles la fábrica?” “Habrá que emitir nuevamente la factura porque la enviamos con un error en los valores…eso no me gusta, es un grave error en la calidad de trato con el cliente”, y cada una de estas frases puede disparar conversaciones extensas que nos resultan “naturales”.

 

De las conversaciones instrumentales a las significativas

Al tipo de conversaciones que describimos más arriba, las llamaremos conversaciones instrumentales porque nos sirven para “hacer cosas con palabras”. Por ejemplo coordinar quién sacará las entradas del cine, mejorar la oferta a un cliente, lograr una entrega más rápida de un proveedor, evaluar el desempeño de un colaborador. Sin embargo, cuando necesitamos tocar temas más delicados tales como qué esperamos de la vida, qué coincidencias o divergencias existen en nuestras maneras de ver el negocio o la familia o la crianza de los hijos, cuando tocamos temas tales como qué importancia tiene el que nuestros familiares trabajen o no en el negocio familiar o si es buena idea que se integren los familiares políticos o no. Cuando debemos reflexionar acerca de si es bueno educar a los hijos en el cariño al negocio familiar o si con esa educación estamos coartando la libertad de sus elecciones de vida, cuando debemos reflexionar acerca de quién o quiénes y por qué deberían manejar el negocio en el futuro, si deberíamos permanecer permitiendo conductas que no reprendimos en el pasado pero que hoy nos resultan perniciosas, entre otros temas complejos del manejo del negocio familiar, entonces, las conversaciones instrumentales ya no son suficientes ni eficaces.

Cuando se tocan temas tan complejos desde el punto de vista relacional y afectivo, se pone en riesgo de tal modo la salud de los vínculos que se requiere de otro tipo de conversación de las que las Escuela de Negocios no se ocupan en educar. Sin embargo, la capacidad de saber tenerlas y lograr resolverlas es clave para la perdurabilidad de cualquier negocio familiar. Estas conversaciones se llaman conversaciones significativas e implican habilidades totalmente distintas que las que se requieren para mantener conversaciones instrumentales.

 “Las conversaciones instrumentales producen relaciones, mientras que las conversaciones significativas producen vínculos”.

 

Por qué mantener conversaciones significativas.

Alguien podría argumentar que para manejar un negocio no es necesario tener la habilidad de mantener conversaciones significativas y que con las instrumentales es más que suficiente. Podría incluso opinar que –acorde con sus valores- prefiere reservar cualquier conversación significativa para los ámbitos privados de familiares y amigos pero jamás para los del negocio. Si eventualmente aceptáramos esta afirmación, de por si discutible, sólo sería válida para los negocios anónimos, pero de ninguna manera sería aceptable para los negocios familiares.

Es verdad que si dedicáramos nuestra vida a mantener sólo conversaciones significativas, la existencia se tornaría insoportable… y además no podríamos manejar ningún negocio. Pero no es menos cierto que si sólo mantenemos conversaciones instrumentales, no podemos lograr lazos profundos con otras personas, porque todo lazo profundo implica un sistema complejo de valores, de suposiciones y de fuertes emociones. Es decir, tocan zonas de riesgo. Y es por eso que suelen ser sistemáticamente evitadas.

 

¿Y qué tiene esto que ver con el PROTOCOLO FAMILIAR?

Desarrollar el Protocolo Familiar implica abrir un espacio que hasta podríamos llamar “Sagrado” en el sentido de los antiguos círculos de piedra, dentro de los cuales los hombres primitivos dejaban de conversar sobre las cuestiones cotidianas, y se retiraban para reflexionar acerca del sentido de todas esas cosas, y para procurarse una energía unificadora que les permitiera salir de allí con la actitud adecuada para volver a encarar el día tras día con un espíritu renovado.

En su expresión más burda, el Protocolo Familiar es el documento en el que una familia propietaria de una empresa pone por escrito las normas que van a regir la relación entre la empresa y la familia en el corto y en el largo plazo.

El PF es una ley que, a diferencia de las normas jurídicas habituales, compromete a la familia no por coacción sino por la fuerza moral de haberlo consensuado. Y es en este sentido es una herramienta muy poderosa ya que quien lo traicionare, de alguna manera, se estaría traicionando a sí mismo. Pero para lograr que obtenga esta fuerza moral, hay que respetar cierto método en su confección, desarrollo y comunicación.

Fundamentalmente, el PF genera un marco para la toma de decisiones futuras. Establece reglas básicas para los socios actuales y para las próximas generaciones, y tiene la misión de asegurar la sustentabilidad del negocio familiar.

 “Lo más importante no es el documento final sino el proceso a partir del cual la familia empresaria genera diálogos significativos”

Hay que tomar en cuenta que el PF no se puede encarar en cualquier momento evolutivo del negocio ni de la familia. Si pretendemos desarrollar un sistema de reglas cuando la atención la debemos concentrar en desarrollar e instalar el negocio, creo que estaríamos equivocando el camino. Sin embargo, si habiendo instalado la base del negocio que permite y requiere establecer momentos de distancia y de reflexión para convertirse en “observadores externos” no nos dedicamos a este tema, también estaríamos cometiendo un error. Porque si bien se construye pensando en los próximos 50 de la empresa, las reflexiones que promueve permiten modificar la forma de gobernarla y conducirla en el presente. 

Además, si bien en su aspecto material se trata de un documento escrito, lo que importa precisamente es el proceso reflexivo/evolutivo que la construcción parte a parte va produciendo en toda la familia (con el uso de nuestro método, tanto en los que participan de la gestión como de los que no y aún en las generaciones más jóvenes que comienzan a comprender y compartir qué hacen papá, mamá, el tío, la abuela…)

Retomando la idea de que el PF se termina constituyendo como palabra escrita, vale aclarar que no sólo el resultado final es importante, sino que la verdadera riqueza reside el camino por el que se llega a él.

En un sentido, el PF es el proceso en que se desarrollan las conversaciones significativas y los acuerdos necesarios para llegar al resultado escrito. Es durante su construcción que se tocan temas de vital importancia para la salud emocional, psíquica y económica de toda la familia y, como cada familia tiene su cultura y sus valores propios, no podemos decir que haya modelos correctos o incorrectos, de hecho no hay recetas universales para hacerlo y podemos encontrar versiones de las más variadas e imaginativas. El primer secreto reside en mantener esas conversaciones significativas, no cerrarlas apresuradamente, escuchar y valorar todas las interpretaciones y conseguir diversos niveles de consenso entre los miembros de la familia para definir la redacción y adhesión a los mandatos que se suscriben. El segundo en lograr que los acuerdos sean funcionales al crecimiento del negocio y la salud de la familia en el corto y largo plazo.

Es así que el PF, fundamentalmente, genera un marco para la toma de decisiones en situaciones que aún no se han presentado. Establece reglas básicas para los socios actuales y para las próximas generaciones, y tiene la misión de asegurar la sustentabilidad del negocio familiar.

Por eso decimos que el PF es más que un contrato: se constituye como un código de conducta personal y familiar que incluye pactos y pautas a seguir por los miembros de la EF desde una perspectiva que es ajena a la exigencia jurídica pero es perfectamente entendible su exigencia desde las características del negocio y la de los valores que la familia pretende conservar. Por eso existe esa la enorme diversidad de reglas en los Protocolos Familiares y, en tanto las partes se sientan comprometidas con ellas, todos son válidos.

 

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