Convivir con la Incertidumbre

Posteado el 13. Oct, 2021 por en Otros temas

En su libro “Todo lo que tenía que saber lo aprendí en el jardín de infantes”[1] Robert Fulghum cuenta una historia en la que Benjamín Franklin  participa del despegue del primer globo aerostático en Francia. Como es de suponer, la nave más pesada que el aire se elevó unos cuantos metros y cayó a tierra. En la escena, uno de los presentes se acerca a Franklin y le pregunta, no sin sorna, para qué sirve hacer cosas de ese tipo. Franklin le contesta elípticamente: -“dígame Usted señor, ¿para qué sirve un niño recién nacido?” 

Verdadera o no, la historia tiene valor de todos modos. Toda creación depende de un proceso que alguien tiene que sostener. Mientras es fácil sostener algo que ya funciona, los emprendedores se diferencian por ser especialistas en dar “sostén a niños recién nacidos” y por ser capaces de llevarlos sanos y fuertes hacia su madurez.

La mirada creativa del emprendedor puede ser confundida con la locura y el delirio. Pero, en verdad, el emprendedor posee una mirada más esperanzada que el resto.

 La diferencia entre el delirio, la ilusión y la esperanza son los grados de aceptación de los Costos Asociados que siempre están implicados en una visión. De hecho, para el delirante cualquier costo es posible mientras que para el iluso no existen.  Sólo el esperanzado, los acepta y sigue adelante. Muchas veces la capacidad de sostén y la tolerancia de la tensión, son definitorias en un proceso creativo o innovador. ¿Qué se imaginan que habrá sentido Cristóbal Colón cuando cada mañana sus cálculos no se cumplían, la tripulación se inquietaba, las provisiones se acababan, el miedo aumentaba y no alcanzaban las ansiadas Indias? ¿Qué hubiera sucedido si en lugar de tener la valentía de sostener su visión hubiera abandonado la empresa unos días antes? Piensen que, de hecho, sus cálculos no se cumplieron y sin embargo encontró un nuevo continente más allá o más acá de donde debía estar el que buscaba.

¿Cuántas veces fue más importante seguir sosteniendo el camino aún cuando la meta pareciera inalcanzable? ¿Saben, por ejemplo, que un error abrió el acceso al descubrimiento de la penicilina?… ¿Imaginan cuáles serían nuestras condiciones de vida sin su ayuda?

En ambos casos (y los hay por millares) alguien estaba allí para recibir el mensaje en el momento oportuno porque se había ocupado de sostener el camino… Luego, ¡un gran éxito!… ¿quién recuerda la incertidumbre del día anterior?… ¿quién el de la hora anterior…? Tal vez ni siquiera lo recuerde del todo quién realmente lo vivió.

El precio de creación es la incertidumbre. El precio del entrepreneurismo es la creatividad. Podemos no sentirnos cómodos con estas condiciones, sin embargo la realidad nos desafía cada día: ¿es posible crecer en un mundo en constante cambio repitiendo la fórmulas de resolución del pasado?… me parece que no.

 Jorge Omar Hambra

Director del Club Argentino de Negocios de Familia

 

 

 

[1] Emecé Editores, Buenos Aires, 1996

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