Consensocracia, la forma ideal

Posteado el 22. Abr, 2019 por en Artículos, Gobierno y Liderazgo, Prensa

Publicado en Revista Pymes

Según cuenta el mito, alrededor del Siglo VI, en lo que hoy es Inglaterra habitó un rey llamado Arturo famoso por su sabiduría y temple político. Eran tiempos difíciles. Luego de muchos siglos de dominación, Roma se había retirado dejando las islas al borde de una guerra civil. El equilibrio de fuerzas y alianzas entre las facciones era tal que generaba una posibilidad muy cercana al mutuo aniquilamiento. Debido a esto, nadie tenía la seguridad de hacerse con el poder. Esta vez el puro filo de la espada que era el factor con que se acostumbraba definir quién ocupaba el lugar del Rey, ofrecía un pronóstico catastrófico.

Arturo comprendió que el problema requería un rediseño paradigmático del sistema de poder y ofreció una solución que consistía en que la máxima autoridad no fuera un hombre sino un ente abstracto: la Ley, a la cual deberían someterse todos, incluso el Rey. Propuso crear la Mesa redonda donde los Caballeros se reunirían para dictar las leyes, y convirtió al Rey en la fuerza de aseguramiento de su ejecución. En definitiva, inventó el sistema Parlamentario de Gobierno, que a los ingleses les dura hasta nuestros días.

Si trasladamos este modelo a la Empresa familiar podemos decir que -una vez superadas las urgencias del inicio, para las que la Dictadura es efectiva-, el modelo de la Monarquía Parlamentaria le sienta bastante bien. El pasaje de gobierno autocrático a gobierno participativo, permite mejorar la calidad de las decisiones y dispersar los riesgos de gobernabilidad dado que ya no depende de una sola persona ni de una sola opinión y cuenta, a la vez, con un Primero entre pares que asegura la agilidad de la ejecución.

En efecto, rodear a la Dirección de los mejores recursos capaces de analizar escenarios y proponer acciones conducentes, lograr que se reúnan sistemáticamente en un Espacio sagrado  para analizar el negocio, y contar con el respaldo político requerido para que lo que se decidió en esa Mesa se replique en la realidad, promueve condiciones de éxito incomparables.

Sin embargo, para la Empresa familiar esta organización de gobierno no es suficiente. Fuertes corrientes emocionales transitan y confunden los ámbitos de la Propiedad, la Gestión y Familia, promoviendo todo tipo de malentendidos y acumulación de tensiones interpersonales que amenazan no sólo al negocio sino también el equilibrio y la felicidad familiar. Por eso es indispensable el desarrollo de Reglas de relacionamiento que regulen el equilibrio entre los principios de la familia -en los que prima la protección y el afecto- con los intereses de la empresa cuyos factores clave de éxito son la eficiencia y la productividad. Esta condición propia del negocio familiar, requiere de un ámbito de conversación al que podemos nombrar como Consejo de Familia cuya misión esencial consiste en desarrollar y mantener vigente el Protocolo familiar, esas Tablas de la ley que ayudan a mantener el delicado balance entre los principios de lo familiar y los de lo empresario.

Ahora bien, la fijación de estas Reglas es un asunto delicado en el sentido que en función de su validez futura, no deben ser nunca impuestas por una autoridad autocrática. Ni siquiera deben ser votadas, porque en toda votación hay vencedores y vencidos. Entonces, es aquí donde debe aparecer la idea de Consensocracia. Es decir, de un sistema basado en una red de conversaciones que no cesan hasta consolidar acuerdos orientados al Bien común que todas las partes estén dispuestas a defender por convicción. En mi experiencia, el ejercicio de estas conversaciones puede parecer complejo en su inicio pero, en la medida en que se desarrollan, van promoviendo aperturas que no sólo generan sostenibilidad a futuro, sino que son muy útiles para iluminar la forma de ver el presente.

Lic. Jorge O. Hambra

Director del Club Argentino de Negocios de Familia

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