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Como gestionar Conversaciones difíciles en el negocio familiar

Posteado el 30. Jul, 2018 por en Artículos, Comunicación, Comunicación Eficiente, Empresas, Empresas Familiares, Socios

Cuentan que una vez la Peste llegó a las puertas de una ciudad. El centinela allí apostado quiso impedirle el paso pero, como la Peste lo amenazó, aceptó no oponer resistencia con la condición de que le adelantara la cifra exacta de víctimas que se iba a llevar y prometiera no afectar a ningún ciudadano más. Así lo hizo la Peste y permaneció 6 meses en la ciudad. Al cabo de ese tiempo cuando se retiraba, el centinela le reprochó amargamente haber roto la promesa y duplicado el número de víctimas. La Peste contestó: _no me culpes a mí, yo cumplí mi promesa perfectamente. Por el exceso de víctimas debes pedirle cuentas al miedo.

Así es, muchas veces el temor agrava o es responsable de algunos de nuestros infortunios. Y pocas cosas tememos más que tener un conflicto que pudiera atentar contra la armonía y la estabilidad emocional de nuestra familia y, ¡cuánto más si -al mismo tiempo- pudiera afectar también la fuente de recursos de la que dependemos para subsistir y realizar nuestros anhelos!. Bueno, eso exactamente es lo que pasa en los negocios familiares. Y es debido a eso que las Conversaciones difíciles suelen evitarse infinitamente esperando que algún milagro resuelva los problemas por los que deberíamos tenerlas.

Pero ese milagro rara vez sucede. En su lugar, los problemas suelen profundizarse hasta límites en que se vuelven una grave amenaza a la subsistencia de la empresa y a la estabilidad de la familia. Eso produce mucha angustia, y de la angustia al enojo extremo y la pelea ofensiva hay muy poco trecho.

Sin dudas, debemos que considerar que en la escuela nos enseñan cantidad de cosas menos cómo abordar y resolver conflictos -como si eso solo dependiera de alguna habilidad genética o espontánea-. De resultas, no tenemos una guía para evitar los errores más comunes. El primero de ellos: no preparar la conversación de antemano de modo de evitar sus derivaciones menos favorables.

Por eso, si decides no cometer el primer error, aquí van solo cuatro consejos –extraídos de una lista mucho más extensa-  para que los consideres al momento de tu preparación:

(b) Despliega el escenario más temido: imagina la situación menos deseada y decide qué estarías dispuesto a hacer si se produjera. Una vez asumida esa decisión por más difícil que sea, algo se reordenará dentro tuyo promoviéndote confianza. Desde allí, todo lo demás que pudiera suceder será ganancia.

(c) Aborda la conversación en Tercera persona. Por ejemplo: _si alguien nos observara desde afuera podría decir que estamos aquí porque tenemos problemas que resolver, pero también porque apostamos a que podremos hacerlo. De otra manera esto no tendría sentido. Tal vez sería bueno contarnos cómo nos sentimos al respecto y recién después ver cuáles son los motivos.

(d) Usa la conversación de sentimientos. Por ejemplo: _cuando ingresaste a tu yerno en una posición operativa sin consultarme yo sentí que actuabas como si la empresa fuera solo tuya y eso me enojó. No estoy diciendo que mi enojo sea justificado. Solo digo que no pude evitar sentirlo. Y no es la primera vez que me pasa frente a situaciones similares.

Si, a pesar de todo, entiendes que no podrás sostener un diálogo productivo propone (e) Triangula la conversación  esto es, conseguir una persona ajena a la situación, confiable para ambos y, si fuera posible, con las habilidades técnicas requeridas, que pueda ayudarlos a mantener la conversación en estado de diálogo significativo, es decir, en un modo tal les permita expresar  sus desacuerdos haciéndolo a la persona pertinente con respeto, con cuidado y con firmeza, pero sin violencia.

Lic. Jorge O. Hambra

Directorio del Club Argentino de Negocios de Familia

 

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