Claves del Relato familiar

Posteado el 05. Ene, 2021 por en Otros temas

Que las personas vivimos dentro de uno o varios Relatos es algo que podemos comprobar por cuenta propia a cada instante. Para los humanos las cosas no son lo que son sino lo que interpretamos según el Relato al que adherimos en un tiempo histórico. Así Hernán Cortés pudo ser concebido como un conquistador-evangelizador en un momento y como un deplorable genocida en otro. La naturaleza como un banquete servido para que el hombre la use a su antojo o un delicado préstamo al que hay que tratar cuidadosamente.

Tal vez necesitemos de los Relatos para inventarle sentido a nuestra existencia o -como afirma Yuval Harari en “Sapiens”- para lograr organizarnos por millones y convertirnos en la especie dominante en el planeta. Lo cierto es que no sabemos vivir fuera de nuestros Relatos y, como no podía ser de otra forma, cada familia empresaria tiene el propio. Pero no es lo mismo tener un Relato que concientizarlo, analizarlo y aprovechar su energía emergente.

Durante los 30 años que llevamos asistiendo a familias empresarias, hemos conocido infinidad de valiosos Relatos olvidados que parecían despertarse de su prolongado letargo recién cuando empezábamos a investigarlos y transcribirlos como capítulo inicial del Protocolo familiar, o cuando invitábamos a las familias a contarlos en nuestros eventos de difusión.

No recuerdo ninguna reunión de transcripción del Relato familiar que no haya emocionado a los propios actores de esas historias que un día los invitamos a recordar y transcribir. Cada una posee una riquísima épica que bien contada se convierte en una fuente de orgullo y de inspiración para propios y ajenos. Especialmente para las nuevas generaciones que serán quienes darán trascendencia o no a los valores que hicieron que sus empresas fueran posibles.

Por supuesto que, como dice la canción “Cambia, todo cambia….”  y está bueno que aprendamos a adecuarnos a nuevos modelos de negocios a modificaciones revolucionarias en la gestión y a nuevas necesidades y deseos de los clientes pero, no menos importante es analizar qué de todo eso deberíamos conservar como base fundante de una identidad. Qué de todo no deberíamos cambiar.

Hay un ejercicio conocido como “El viaje a Marte” que puede ayudar a identificar esos Valores centrales que la familia debería conservar. Consiste en dividir a los participantes en grupos e invitarlos a imaginar que tienen el desafío de refundar la empresa en el planeta Marte, y que para hacerlo cuentan una nave con cuatro o cinco asientos, no más. De allí el desafío de decidir a quienes invitar a ocuparlos y por qué. A pesar que seguramente se concluya que de todos los tripulantes elegidos conservarían ciertos aspectos y otros no, lo que hay que focalizar es el valor que aportaría cada uno de los elegidos y, por tanto, aquello que la familia empresaria debería preservar sin importar tiempo ni lugar.

La experiencia nos muestra también que integrando a los más jóvenes en estos ejercicios, se suele descubrir que tienen toda una forma de ver a la familia y a la empresa que muchas veces sorprende por su agudeza y también por los fuertes sentimientos comprometidos que no hubiéramos sospechado.

De allí que la reconstrucción del Relato familiar se convierta no ya en un trabajo necesario que forma parte inevitable de un Protocolo, sino en una verdadera celebración que conecta a todos los participantes con el propósito central de la empresa, que nunca es producir dinero de una forma ciega y desprovista de sentido sino el de constituirse como un proyecto existencial capaz de proveer de alternativas para la realización de todos sus miembros, dentro de un marco de valores trascendentes que se proponen respetar.

Probablemente sea este su principal seguro de supervivencia.

Jorge O Hambra

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